Una web es un huerto, no un mueble

Un mueble es algo exacto. Cumple una función.

Tiene cajones, por ejemplo. O cuatro patas. Sirve para dormir, para comer, para sentarse. 

Crearlo ha significado tomar medidas, elegir materiales. Cortar, pegar, clavar, atornillar. Con mucha precisión.

A veces es multifuncional, sí. Puede tener mucha creatividad añadida, sí.

Pero si lo dejas en un rincón, solo tiene el riesgo de llenarse de polvo. Le pasas un plumero y listo, como nuevo.
O le das una mano de pintura. Puede haberse heredado de una bisabuela y aún legarse a nuestros nietos.

No se mueve, no desaparece.

 

Un huerto, en cambio, está vivo. 

Requiere conocimientos y una buena estrategia.

Las berenjenas saldrán para tal época, las coliflores más tarde. Los bichos esto, el abono aquello. 

Su particularidad es que hay que cuidarlo sin pausas. La frescura de sus lechugas y el sabor de sus tomates dependerá de la cantidad de agua, de sol, de nutrientes y de cariño.

Si no se pone todo en un ritmo adecuado y dosis justas, las hojas empezarán a desfallecer, las semillas no brotarán, los frutos no aparecerán. Una tristeza.

Algunas personas creen que una web puede concebirse como si fuese una silla de diseño.

Dibujar sobre un plano, tomar medidas de audiencias, de clics y esas cosas, y luego cortar, pegar y atornillar a internet. Poner un par de posts de adorno, algún color atractivo por encima y ya.

Más tarde dejarla en un rincón del wonderful web world y esperar que sirva para guardar cosas por el resto de la vida y para las próximas generaciones.

 

Hmmmm. Psssss. Fffffffff.

 

Según mi experiencia, cuando una acomete la aventura maravillosa de tener web propia, debe arremangarse cual hortelana y mantener esa actitud a largo plazo.

Puedes plantar zanahorias, calabazas, chirimoya y aguacate, pero no necesariamente esto será lo que recojas. Tendrás que observar qué cosechas y quizá pensar que las manzanas son una mejor opción cuando vuelvas a plantar.

Si dejas mucho tiempo ese espacio sin cuidados puede ser que un día lo encuentres arrasado.

Es decir:

Por un lado, la tecnología va cambiando y hay que mantener al día la estructura invisible que hay detrás de una web. 

Si estás en algún sistema todo-incluido es probable que no necesites enterarte de todo esto. Pero si tienes un wordpress en hosting propio habrás de manejarlo o pagar para que alguien se ocupe del mantenimiento…

Aunque no toques nada, solo para que siga funcionando lo que pusiste al principio, hay que invertir mano de obra.

Por el otro, el dios Google te ignorará si no vas actualizando el contenido. Sus rayos dejarán de alumbrarte como si te hubieras metido debajo de una sombrilla.

Tus analitycs quedarán de lo más mustias. Tu conversión será desabrida como una patata cruda.

Y por último, las personas que pretendes entren a tu web y hagan algo con esa información (inscribirse, comprar, ir a un evento, pagarte un servicio), lejos de aumentar irán decreciendo hasta olvidarse de ti.

Adiós ensalada, bye bye wok de verduras. 

 

Algunos puntos para cuidar tu web al estilo vegetal

 

Escenario 1: Aún no la has empezado

Será mejor planificar en pequeño, algo que puedas sostener. Reflexiona sobre: 

  • cuántas secciones son las mínimas que le dan sentido
  • cuánto texto es suficiente (que cada palabra tenga un propósito)
  • cuántas imágenes necesitas (mejor pocas, originales y significativas)
  • cuántos idiomas son los indispensables (si es más de uno, con más razón no exageres con los textos, que luego tendrás que duplicar o triplicar tus párrafos)

 

Escenario 2: Ya la tienes en marcha 

Hazle un buen repaso bajo tierra:

  • ¿que tal está la actualización de tus plugins, el php y otros aspectos técnicos? (delega si te suenan a chino y si no quieres buscar tutoriales que te suenen a ruso)
  • ¿la optimización de tus imágenes es óptima? (para que cargue más veloz, sobre todo con los móviles)
  • ¿funcionan todos los links?)

y por la superficie:

  • ¿hace mucho que no renuevas el contenido? (recuerda que en esta dimensión doce meses es un siglo)
  • ¿podrías mejorar el copywriting?
  • ¿es hora de hacer nuevas fotos?
  • ¿con qué frecuencia publicas en tu blog?
  • ¿los datos de contacto están actualizados?
  • ¿hay alguna sección que podrías añadir para reflejar tu trabajo tal cual está hoy?
  • ¿alguna parte que valdría la pena quitar?
  • ¿los eventos de tu agenda son futuros o están todos caducos? (si no ofreces viajes en el tiempo, mejor que los pongas al día).

Escenario 3: es muy antigua

  • ¿ te has planteado hacer una nueva web?
  • ¿o actualizar esta?
  • ¿o simplemente eliminarla y limpiar el ciberespacio de ciberbasura? incluso es probable que estés pagando servicios que no te dan nada.

 

No pretende ser una lista exhaustiva y mucho menos agobiarte con más tareas de las que ya tiene tu vida emprendedora. 

Son apenas ideas y ejemplos para mostrarte que se trata de un espacio en movimiento, que pide atención para poder cumplir con lo que esperamos de él. 

Invertimos ilusiones, tiempo, dinero, trabajo… pero si queremos frutos es mejor pensar en una parcelita modesta que en un precioso vestidor.

No podemos pedirle peras al armario.

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