La radio junto al tendedero: Crónica de una fan de podcasts

Querida Tere:

 

Es martes. Escucho un podcast, recojo la mesa del desayuno, acomodo rollos de papel higiénico en el mueble del baño. Es una buena noticia haberlos encontrado, pensaba que no quedaba ni uno. Cuelgo la ropa. 

 

Cuando recuerde el diálogo de este programa de radio vendrá la imagen de un calcetín azul como un añadido de la frase que Guadalupe Nettel le dice a Hinde a propósito de su libro “Hija única”:

tenemos que encontrar nuevas configuraciones de la maternidad.

 

Mi mente borra casi todo lo que lee: fechas, datos, autorías, títulos. Y retiene apenas las vivencias, las sensaciones. Por eso me gusta mucho escuchar lecturas mientras ando por la ciudad o por la casa, garantiza que más partes del texto sobrevivan en mi memoria frágil.

 

Me alegra que estas autoras estén en el centro, sean las que más venden, se las cite en todos lados, reciban los premios. Porque eso significa que hay temas que estaban en las orillas y hoy pueden iluminarse, discutirse. Transformar la Historia, la Política, el Arte. Pasar al eje de las decisiones. 

 

Solo las mujeres pueden contar en primera persona, por ejemplo, la maternidad, las maternidades. Todo aquello que las atraviesa. Las imposibilidades, los juicios, las frustraciones, las decisiones, que hay tras ser madre o no serlo.

 

Decidimos ser madres y lo buscamos y lo logramos. Decidimos no serlo y lo defendemos hasta el final. Nos lo encontramos como un hecho y optamos seguir adelante. O no. O acatamos decisiones de otros, de la vida, y apechugamos con las consecuencias de maneras más o menos felices. 

 

Ayer comentaba con una clienta el concepto de “viudas” y “huérfanas” en un texto. Son el colmo de la soledad. Frases que quedan sueltas en una página o palabras que se descuelgan en un renglón, sin compañía.

Hay que corregirlas, por supuesto. Son una aberración editorial, cualquier libro de tipografía las menciona. 

 

Y mientras ponía un intro en el teclado para que una huérfana de su web adoptase como familia al resto del párrafo, pensaba en cómo estos términos sexistas se esconden en los rincones más insospechados. 

 

Los huracanes ahora van alternando entre nombres masculinos y femeninos. Quizá algún día haya viudos en los tratados tipográficos. O huérfanos.

 

Sería una manera de honrar la soledad de un hombre que se recalienta unos fideos porque no aprendió a cocinar nunca mientras su mujer aún vivía o la tristeza indeleble de un niño que pierde a su progenitora.

Sería poner las emociones en el centro y no pensar que la única idea del abandono es una mujer que se queda sin su proveedor. 

En fin, estas cosas.

 

Y estirando un pantalón húmedo para colocarlo sin arrugas en el tendedero, pensé en vos, Tere.

No solo porque hace unos cuantos capítulos eras la entrevistada de ese mismo programa, sino porque me encantaría que pudiéramos sentarnos a tomar un largo té en Unquillo y charlar sobre esto. 

 

Qué significa que la escritura de las mujeres haya salido de los márgenes. Que ya no sea un estante aparte junto con la literatura de “género” (policial, de terror, romántico) sino que se haya desbordado y aparezca con voracidad creciente en cualquier espacio de la biblioteca. 

 

Qué historia de cocción lenta hay detrás de esta irrupción que simula ser repentina.

Qué augurios, qué resonancias.

Qué hambres, qué vacíos.

Qué riquezas, qué oportunidades.

 

Y lo del té o el mate es imposible hoy mismo con un océano de diferencia. Entonces se me ocurre escribirte esta carta, mandártela por teléfono y quizá empezar un diálogo como el de hace unos meses. O continuarlo, que de esto mismo fueron nuestros audios improvisados tras el cumpleaños 18 de mi hijo mayor. 

 

Escribir, ser madre, escribir las maternidades.

 

Se ha disipado la niebla que esta madrugada emborronaba la vista sobre el río. El árbol que veo desde mi ventana va soltando sus últimas hojas. Imagino que a esta hora está saliendo el sol en tu casa y que empieza a iluminar la naturaleza generosa del final de primavera.

Que calentás el agua para poner las primeras líneas a tu día, los primeros bostezos a tus textos.

 

Un abrazo

PD: María Teresa Andruetto es una de las escritoras argentinas imprescindibles. No lo digo yo sino los premios y las antologías y todo lo que da una legitimación en el mundo editorial. En la biografía particular de nuestra familia ella es el punto de partida. Ariel y yo nos conocimos en su taller literario. Nuestros tres hij@s pueden recitar esa épica como si hubiesen estado en aquel día de 1997. 

PD2: Lo que siguió a esta carta merecería otra carta. Empecé el día con el pódcast Vidas Prestadas de fondo (spotify dice que es el que más he escuchado en 2020) y para cuando acabó la mañana recibí un mensaje en que Tere me reenvía la respuesta de Hinde sobre esta misma carta. Cosas de la metaliteratura.

PD3: Hinde Pomeraniec es una periodista cultural argentina que en su programa de radio Nacional, «Vidas prestadas» recomienda libros, invita a leer en voz alta, entrevista a autor@s y pone música. Parece que en su tiempo libro lee y logra memorizar datos sobre todo lo que lee. Qué envidia. 
 

 

Me encantan las cartas y a estas las escribo para mis amigas. No son "newsletters" sino algo así como "old-letters".

Te invito a responderme cuando algún tema toque una tecla en tu interior. Estas líneas son la excusa para  un diálogo.

Dejarme tu email es fácil y gratis y, si mis cartas te hacen perder el tiempo, salirte de mi lista es aún más sencillo.

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