Dar espacio al espacio

Querida Blanca

“El espacio no se pierde, se ocupa”, dice mi hija contradiciendo a su hermano mellizo. Él afirma que cada objeto que añadimos borra otro poco de preciado vacío. Por su parte, el mayor opina que el minimalismo es cursi, porque es ponet toda la atención sobre una cosa, señalarla, y gritar “miren esto, qué especial”.

 

La decoración y la metafísica son una sola cosa en nuestros desayunos.

 

Acabamos de traer un sofá y la polémica sobre habitaciones saturadas o funcionales se ha extendido luego a conceptos más ontológicos.

 

Creo que empezaré a guardar una libreta bajo la mesa de la cocina, porque estas conversaciones con mis adolescentes siempre me dan ideas para escribir. Entre tostadas o lentejas surgen sus posturas bien definidas sobre toda clase de realidades. Me dejan reflexionando el resto del día.

 

Lo de los vacíos es para mí un tema vital.

 

En diseño gráfico he tenido que defenderlo mil veces sin éxito. El “horror vacui” parece ser la tendencia más natural de las personas. Cuando aparece un blanco su contracara es la pregunta: “¿si ponemos algo aquí?”.

 

En las conversaciones es una norma cubrir a toda prisa cualquier silencio, ya de por sí calificado como “incómodo”. Supongo que será por eso de “quien calla otorga”, pero nos olvidamos que “por la boca muere el pez” o que “eres dueña de tus silencios y esclava de tus palabras”.

 

Las agendas se aprietan de eventos. El horario escolar se completa con “extraescolares”, no con tiempos de juego libre y así, desde la infancia, aprendemos que “inactividad” es mala palabra.

 

“Bajo presión”, un libro de Carl Honoré (el autor de “Elogio de la lentitud”) habla de esta tendencia en la educación.

 

El filósofo coreano Byung Chul Han se extiende bastante sobre esto en “La sociedad del cansancio”. Una de sus ideas es el exceso de positividad, es decir la falta del negativo, del contrario. La actividad se complementa con más actividad. Dice incluso que la hiperactividad y esa especie de alergia al hastío impiden el aburrimiento profundo, necesario en el proceso creador.

Vivimos en un exceso excesivo en el que nos deprimimos por no poder poder más. En fin, es bastante críptico y siempre me parecen más atractivas algunas frases brillantes que su desarrollo. “El aroma del tiempo, un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse” me sedujo menos por su contenido que por su título de portada.

 

El puente pasado me tomé un par de días lejos de casa. Con la única idea de estar sola y de regalarme un poco de vacío.

 

Buena parte de esa nada fue absorbida por una serie de Netflix, me faltaba más tiempo para instalarme con comodidad en el no-hacer. Los primeros momentos me siento aún pegada al ritmo habitual y me cuesta arrojarme a los brazos de la vagancia absoluta. O a la “inmersión contemplativa”, que en palabras de Han suena mucho más poética.

 

Sin embargo, el segundo día me desperté muy temprano y con ganas de escribir, maravillada de lo que puede llenarme un poco de nada.

 

Para confirmar mi impresión, me llegó por email la recomendación de un artículo que trataba de la importancia de desconectar para poder crear.

 

(La sincronicidad es una religión para mí, aunque mi amiga Coral rompa el encanto aclarando que “no es una señal divina sino un algoritmo”. )

 

“Necesitas un poco de espacio para reiniciar y recuperarte” era uno de los apartados del texto de Medium y ponía como ejemplo lo esencial que son la digestión para absorber los alimentos o el descanso para beneficiarse del ejercicio físico.

 

Mucho menos condensado que el coreano, cada punto estaba espaciado y reiterado lo suficiente como para comprenderlo incluso desde la lentitud de las sábanas. Su tema central era la escritura de diarios para alcanzar nuestros objetivos.

 

No pude dejar las pantallitas. No llegué al fondo del vacío. Otra vez será. Inés se fue a un retiro de silencio ese fin de semana y luego hizo unas reflexiones de lo más interesantes en su newsletter diaria. Otra sincronía.

 

Aún me pregunto si poniendo un sofá ocupamos el espacio o lo perdemos. Pero de lo que sí estoy segura es que cada tanto hace falta no hacer tanto.

 

Un abrazo

PD: En alguno de esos artículos de Medium leí que compartir comentarios de libros es una buena manera de integrarlos…. creo que esto pronto serán bibliocartas. La inspiración todavía me dura, ya ves. Lo que sería capaz de inventarme si me fuera diez días de vipassana.

Post(big)data

Algunas referencias:

Una buena sinopsis de «La sociedad del Cansancio» 
(sí que lo leí, lo puedes comprobar en mi carnet de la biblioteca pero sería incapaz de citarlo sin ayuda).

En mi blog
Si recién llegas por aquí, puedes leer otras cartas y artículos.
Por ejemplo este cuasidelirio breve que se llama «des-finiciones» y que también habla del silencio, eso que con solo nombrarlo se rompe…

 

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