Escribir mejora el sistema inmunitario: cuarentena día cero

Querida Fina

 

Tengo un jueves de esos extraños, de agenda en blanco. De esos en que puedo elegir entre ponerme al día con tareas procrastinadas, hacer algo que realmente me guste, o mirar al techo.

 

Esta semana he podido por fin acabar de perfilar nuestro “círculo de escritorAs” y ponerlo todo en la web de Acompañadas. Tu taller es el primero, el 21 de marzo. Me hace tanta ilusión.

 

También tengo listos los cartelitos para compartir. Me motiva mucho poder aplicar esos recursos que por mi trabajo siempre estoy aportando en proyectos de otras emprendedoras, a uno que ha nacido de mis ganas.

 

El otoño pasado me contaste tu idea de reunir un grupo para escribir, desde tu mirada de terapeuta y artista, y sentí que necesitaba un espacio así para mis propios textos.

 

Con esas sincronicidades que vienen del deseo, luego han ido apareciendo otras escritoras en mi entorno. Así he acabado convocando este “tour” por diferentes maneras de narrar; esta “degustación” de autoras y sus invitaciones diversas para abordar el placer de la hoja en blanco.

 

AutorAs, sí. Tenemos otros lugares donde cocrear con el masculino, pero siento que hay algo de honesto que solo surge cuando estamos a solas.

 

La magia ya está dada, las frases bien cosidas, las imágenes acomodadas como botones primorosos sobre el lienzo. Listo para compartir, informar, difundir, invitar. 

 

Entonces se planta la duda… la incertidumbre que hace algunos meses tuvo un nombre político y social, luego de tormenta y ahora de virus. Todos los elementos: fuego, agua, aire. Las siete plagas.

Razones para la información, contrainformación, sobreinformación. Argumentos para no tomar un tren o una carretera. Ciudad sitiada. Reunión postergada.

 

Y la gran pregunta es ¿hacemos igual el taller? ¿cómo nos encontrará el 21 de marzo? 

 

Ay querida Fina. Ni idea. He leído un poco las noticias como para no pecar de burbuja y me he quedado igual. Los eventos se van suspendiendo en efecto dominó. Parece tan insignificante esta decisión al lado de otras que implican a países enteros, y sin embargo es la porción de criterio que me toca asumir.

 

De momento, solo se me ha ocurrido escribir. Si tuviera que quedarme en cuarentena es lo que haría. Escribir. Escribir como manera de frenar esta amenaza de miedo. Escribir como oportunidad de mirar qué amuebla mi alma si tengo que cerrar la puerta de casa. Escribir como elogio de la quietud si hay desplazamiento prohibido.

 

Por la ventana entra el bullicio de los niños en el colegio de al lado, aún están abiertos en esta ciudad. El sonido de los coches. Las voces de mis compañeras de trabajo.

 

El 21 de marzo, día de nuestra cita, quizá esta duda haya pasado como un mal sueño. O nos encuentre acatando medidas extremas.

 

En cualquier caso, que la primavera nos encuentre escribiendo.

 

Un abrazo 

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