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Artículos y guías

Esperar era cosa del siglo pasado

Esperar era cosa del siglo pasado

Poner el casete del lado A. Esperar que acabe. Darlo vuelta para escuchar el lado B. Cambiar de casete. Repetir. Encontrar un teléfono público para hacer una llamada. Si está ocupado, esperar a que la persona acabe con su llamada y, si hay alguien más en la fila,...

Estrategia poética para crear tu comunidad

Estrategia poética para crear tu comunidad

Encontrar y hacer crecer el grupo de personas que confía en nosotras y necesita lo que ofrecemos, es esencial para cualquier proyecto. Mucho antes de diseñar una web o lanzarse a lo loco por las redes sociales tenemos que definir el norte de nuestra comunicación: la comunidad.

Cartas acompañadas

F.R.I.E.N.D.S: emprendedoras tipo Rachel, Mónica o Phoebe

F.R.I.E.N.D.S: emprendedoras tipo Rachel, Mónica o Phoebe

Mi hija se ha comprado un jersei de color gris que solo tiene una palabra: “f.r.i.e.n.d.s”. En una de esas conexiones sinápticas aleatorias que típicamente tengo bajo la ducha pensé que, simplificando al extremo, las tres amigas representan arquetipos de emprendedoras según cómo nos relacionamos con la idea del éxito o el fracaso. ¿Cuál te simpatiza más?

La emprendedora bifásica o pronóstico de abanico

La emprendedora bifásica o pronóstico de abanico

Ya estaba cómoda con la idea cíclica. Las mujeres, como la naturaleza, transitamos por cuatro momentos que tienen similitudes con las estaciones, las fases de la luna, los elementos, los puntos cardinales. Coincidiendo con el ciclo menstrual y con los ajustes de los cuerpos particulares, las atravesamos una vez al mes. 

Pero hace un tiempo que ese orden se ha trastocado. Ya no puedo reconocer claramente esas fases.
Y mi energía, que ya no es la noria del parque de atracciones (la rueda de la fortuna, la vuelta al mundo) sino la mismísima montaña rusa.

Un robot en casa

Un robot en casa

Hoy es martes y nos han traído un robot. Los lunes toca volver a la ciudad. Tengo la suerte de poder pasar casi todos los fines de semana en la playa. Y la fortuna de trabajar por mi cuenta. 
Así que me tomo las pausas como si fueran tequilas: con moderación.

Me encantan las cartas y a estas las escribo para mis amigas. No son «newsletters» sino algo así como «old-letters»

Puedes sentirte un poco voyeur al principio, pensar que estás violando algún reglamento internacional de privacidad. Disfruta sin culpas porque todas mis compañeras epistolares han aprobado su publicación.

¿Has sentido alguna vez el impulso de agarrar un martillo y destruir tu ordenador porque te pide una contraseña que no recuerdas y has entrado en un bucle infinito?

Algunas respondemos audios de whatsapp a todo volumen mientras viajamos en un tren atestado o, aún más peligrosas, mientras vamos de conductoras.

Otras sentimos remordimientos por poner a nuestros hijos durante horas frente a la tablet para acabar con la declaración trimestral y al final del día nos sentimos una porquería de madres y un horror de autónomas.

No tengo ninguna fórmula en diez pasos. Solo un intercambio con personas que pasan por estas y otras situaciones tan graves y superficiales, tan serias y ridículas que nos impulsan a pensar, a leer y a escribir.

No somos nativas sino sobrevivientes digitales.

Te invito a responderme cuando algún tema toque una tecla en tu interior. Estas líneas son la excusa para  un diálogo.

Dejarme tu email es fácil y gratis y, si mis cartas te hacen perder el tiempo, salirte de mi lista es aún más sencillo.

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