La emprendedora bifásica o pronóstico de abanico

Querida Montse

Es martes. Un día de esos que en mi agenda no están marcados con tareas predefinidas, así que quedan bajo mi absoluta responsabilidad y autodisciplina.
 

Poca broma. Me sale lo mejor y lo peor de la emprendedora. La creatividad. El pavor de la hoja en blanco. La libertad. La ansiedad. El orden. El caos. Ganas de saltar de alegría. Ganas de llorar a viva voz. Mil ideas para compartir. Necesidad de silencio y estar para adentro.

 

Ya estaba cómoda con la idea cíclica. Las mujeres, como la naturaleza, transitamos por cuatro momentos que tienen similitudes con las estaciones, las fases de la luna, los elementos, los puntos cardinales. Coincidiendo con el ciclo menstrual y con los ajustes de los cuerpos particulares, las atravesamos una vez al mes.
 

Miraba el calendario y ya podía explicarme una gran parte de mi ánimo, de mi disposición con el mundo externo según mi universo interior.
 

Pero hace un tiempo que ese orden se ha trastocado. Ya no puedo reconocer claramente esas fases. Resulta que mi cuerpo se está transformando casi al mismo ritmo que lo hacen mis hij@s adolescentes.
 

Ell@s muestran barbas y pechos, voces graves y calzados número 45. Faldas que este año quedan cortísimas o camisetas que ajustan aquí y allá según las nuevas anatomías.
 

En mí, veo redondeces donde no había, dolores y cansancios nuevos, hormonas que dan órdenes diferentes. “Ah, se acerca la menopausia, transitas el climaterio”, advierten mis amigas entendidas en la materia.

 

Y mi energía, que ya no es la noria del parque de atracciones (la rueda de la fortuna, la vuelta al mundo) sino la mismísima montaña rusa. Podía con mayor o menor acierto entender que estaba arriba o abajo. Ahora no tengo la menor idea de cuándo vendrá el vértigo. La subida enorme, la bajada velocísima.

 

—Ni siquiera son días, va por horas. —te digo.

 

—Sí cariño, como tsunami o como agua estancada. —me respondes.

 

—De esta sales zen o chiflada.

 

—Exactamente, necesitas proporción interna. Mucha. 

 

—Un ejercicio de meditación permanente.

 

—Sí, un momento crucial para elegir cómo quieres vivir la segunda parte de tu vida. Sabia o amargada.

 

Oh, Montse. Algo me hace clic dentro con tu frase. Elegir. En cada momento. Una oportunidad. Ya no tiene el mismo color esta montaña rusa.
 

No necesariamente las dos partes tienen que durar lo mismo, pero puedo visualizarme acercándome al centenario. Mis dos abuelas celebran sus 90 este año, y he conocido a tres de mis bisabuelas, que también pasaron los 80. Así que, según la genética, no es un plan descabellado pensar que recién estoy por la mitad.

Hemos hablado con Sophia muchas veces de la emprendedora cíclica, pero esto de la emprendedora bifásica es todo un campo nuevo…Habrá que explorarlo. 

Bueno, he empezado esta carta llena de ganas como para escribir un libro. La dejo ya porque estoy a punto de apagarme. Todavía no estoy para abanico, pero ya ves, el pronóstico es irrenunciable.

Un abrazo

Me encantan las cartas y a estas las escribo para mis amigas. Espero que de paso las lea alguien más. No son «newsletters» sino algo así como «old-letters». Si quieres recibirlas, puedes ir aquí.

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